miércoles, 17 de julio de 2013

MARX PARA ABOGADOS, REALIDAD PARA OTROS...


Debido a una interesante cursada de un módulo del doctorado, me vuelvo a encontrar con este magnífico socio... econo... investig... con Marx. Quién en etapas de ciclo básico se ganó mi rechazo por sus 'utopías', pero en mis tiempos y estados de ebullición más socialista y contra-modelos fuera un gran aliado e inspiración inimaginada.

Quizás lo que más me causaba alejamiento era su cuasi desprecio a ello que era mi ejemplo, a esa evangelización del éxito (ver Profetas del éxito en el Evangelio de la Prosperidad) de un discurso de profunda doctrina capitalista, una crítica desde el pasado al sueño del tío (ver Tío Rico McPato en DuckTales), desde las penumbras un ciberataque al modelo puesto, impuesto, y adquirido. Pero elegido y con gusto, con pasión, y otros siete inconvenientes más (ver Charles Montgomery Burns o Sr. Burns en The Simpsons). Ése sueño de Carlos Slim, Bill Gates, Amancio Ortega, o magnates alimenticios como Monsanto o Von Baer, discutidos desde las sombras.

Aún con diferencias temporales o espaciales, pero con muchas similitudes y atinos prospectivos, Marx esbozó la idea de nuestra realidad, anticipó aquello que empeoró y se profundizó con extrema fortaleza, desde la superproducción, la voracidad del capitalista, hasta la función anti-sistema del propio capitalismo más perverso.

Pero, ¿qué tiene que ver el marxismo con la profesión del abogado?

Aquellos hombres y mujeres que persiguen la prosperidad para convertirse en abogados de fortuna y abogadas exitosas, que estudian, recopilan, acopian y clasifican, leyes, decretos, resoluciones, impuestos, doctrinas y jurisprudencias, recorren edificios públicos, presentan escritos, oficios, pruebas y demandas. 

Pero, reitero la duda existencial y fundamental para este trabajo, ¿Ello que tiene que ver con el ejercicio del abogado?

El mismo Marx nos dedicó unas líneas, donde decía…
“La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia…”. (ver Manifiesto Comunista de 1948, en www.marxists.org)

De ésta ultima parte puede notarse que en su visión, el capitalismo logró absorber a aquellos técnicos, artistas, actores (sean protagonistas, de reparto, o simplemente extras) del sistema jurídico. Y en dicha actividad, sea en un estudio jurídico, en la misma administración de justicia o en empresas cuyas funciones son vinculadas con la vida jurídica o judicial.

Si bien no puedo en este comentario, abundar o dedicarme a hacer cálculos de amplia extensión para reflejar a través de las matemáticas que existe una diferencia entre lo que perciben aquellos para los que los profesionales mencionados desarrollan tareas y les conceden su tiempo a cambio de un salario. Propiamente, aquí también hay plusvalía.

Existen otras realidades, que trascienden a la plusvalía y que al mismísimo Marx podrían causarle una nueva gripe (ver Francis Wheen en Karl Marx).

El abuso de la posición dominante se ve en pasantías, tanto en empresas como organismos estatales; trabajadores ad honorem o meritorios, hasta hace poco tiempo en casi todos los tribunales de Argentina, y en algunos donde aún subsiste el mero pago de viáticos, al igual que en ciertos estudios, que sin importar su nivel o grandeza, continúan oprimiendo a aquellos empleados, estudiantes o abogados juniors, o simplemente abogados experimentados devaluados por el mercado profesional laboral.

Antes de pensar en la posibilidad de un cambio sustancial, deben existir cambios que hacen a lo básico, a lo esencial. El derecho fundamental de las personas a una vida digna, debe venir acompañado por una política de dignificación que el mismo Manifiesto Comunista menciona, y que tomado de su versión más antigua, la religión se basa en la necesidad de trabajar para poder vivir. Ello tira por tierra que, sea socialista o simplemente humanista, el hombre para ser completo requiere el sustento, y ello no viene aparejado de un trabajo esclavo o gratuito, sino de una remuneración justa por una determinada tarea o función, y si fuere posible discutir desde un punto mayor si la plusvalía que conservan las empresas o estudios jurídicos, esa diferencia que obtienen de la contratación de un servicio profesional de un abogado, y lo que se cobra finalmente por el mismo al cliente.

¿Qué hay por fuera de éstos? ¿Qué nos espera puertas afuera de tales lugares, de grandes empresas o el mismo Estado?

Nos deparan pocas posibilidades, el trabajo arduo pero de poca monta, limitadas chances de trascender a ello que nos haga plenos. El capitalismo pone las reglas del juego, el sistema exige su cumplimiento a cambio de un precio, pero luego no paga ese honorario o coste cómo y cuándo debe, sino cuando se le antoja a aquellos que detentan los medios de producción, las carteras de grandes clientes y dueños de frondosas bibliotecas.


Por ahora, ése es otro tema, hoy tenemos que limitarnos nuevamente a pedir se respete lo fundamental, lo constitucional, la vida del reclamo de los mínimos, eso que indigna a muchos (ver Los Indignados Españoles ó Los 20 Centavos de Brasil).



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