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miércoles, 17 de agosto de 2016

DON JOSÉ DE SAN MARTÍN - ADMIRADO POR SUS VERDADES...

Estimad@s colegas,

Buenas tardes.

Esta vez nos dedicamos unas líneas al PADRE DE LA PATRIA, uno de los pocos patriotas argentinos de reconocimiento unánime, aún por adversarios británicos, espías norteamericanos y mensajeros de países con conflictos bélicos pasados: José Francisco de San Martín y Matorras (nacido en Yapeyú, el 25 de febrero de 1778, y falleció lejos de su tierra en Boulogne sur Mer, el 17 de agosto de 1850. Uno de los más importantes militares, aunque también político, y una "víctima" de su país.

Cuando la Patria esta en peligro todo es lícito, menos dejarla perecer.

...Para defender la causa de la Patria no hace falta otra cosa que orgullo nacional...

La guerra la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar. Cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que trabajan nuestras mujeres, y sino andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios.
Seamos libres, que lo demás no importa nada.
(En La campaña Libertadora).

Unámonos, paisano mío, para batir a los maturrangos que nos amenazan: divididos seremos esclavos; unidos, estoy seguro de que los batiremos; hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares y concluyamos nuestra obra de honor. Mi sable no saldrá jamás de la vaina por opiniones políticas; usted es un patriota y yo espero que hará en beneficio de nuestra independencia todo género de sacrificios
(Carta a Estanislao López - 1819).

La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, no le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta cuanto es creada para conservar el orden , afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los militares. La patria no es abrigadora de crímenes.

Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestro disgustos me llega al corazón. Paisano mío, hagamos un esfuerzo y dediquémonos únicamente a la destrucción de los enemigos que quieren atacar nuestra libertad. No tengo más pretensiones que la felicidad de la patria.
(Carta a José Gervasio de Artigas - Capdevilla, Arturo."El pensamiento vivo de San Martín. Bs.As. Edit. Losada 1957)


Les recomendamos la lectura de esta web: http://www.lagazeta.com.ar/libertador.htm


Algún día nos daremos cuenta que fueron pocos los próceres que eligieron morir en tierra ajena por dolor, y muchos que se han enriquecido llevando nuestros pesos a paraísos fiscales.

Honremos a los que nos honraron, pidamos lo imposible. Que los políticos nos honren: La patria no es abrigadora de crímenes.

Un fuerte abrazo,

Damián R. Pizarro



viernes, 17 de junio de 2016

VIERNES 17 DE JUNIO - "POBRE" GRAN GÜEMES

Estimad@s colegas,

Buen día.

Para el día de hoy una necesaria, pero que estimamos lamentable, reflexión en honor al patriota salteño GÜEMES.

En esta ocasión nos reúnen los motivos suficientes para recordar a Martín Miguel Juan de Mata de Güemes Goyechea (8 de febrero de 1785, ciudad de Salta - 17 de junio de 1821, Cañada de la Horqueta, provincia de Salta) que fue un militar argentino que cumplió una destacada actuación en la guerra de la independencia y en las guerras civiles argentinas. Que durante seis años ejerció la gobernación de la provincia de Salta (cuando la misma incluía a la totalidad de los territorios tras 1835 y 1890 correspondientes a la Provincia de Jujuy, a la Provincia de Tarija y nominalmente a las costas de Antofagasta en el océano Pacífico) y con muy escasos recursos libró una casi constante guerra defensiva, conocida como Guerra Gaucha, que mantuvo al resto del territorio argentino libre de invasiones realistas. 
Allá por el año 1821, precisamente el 6 de junio, Valdez ocupó la ciudad de Salta, y al salir a combatirlo, Güemes fue herido por una bala. Siguió a caballo hasta una hacienda a dos leguas de la ciudad. Pero su herida —como cualquier herida profunda de un hemofílico— nunca cicatrizó y murió diez días después a los 36 años de edad en la Cañada de la Horqueta, cerca de la ciudad de Salta, en un catre improvisado por el Capitán de Gauchos Mateo Ríos, luego su cadáver fue inhumado en la Capilla del Chamical. Martín Miguel de Güemes fue el único general argentino caído en acción de guerra exterior. 
Desde que supo de la muerte de su esposo, Carmen Puch se encerró en su habitación, y se cree que se dejó morir de hambre. ¿Tendría razón Pedro Calderón de la Barca cuando dijo: "Cuando el amor no es locura, no es amor."?
Estratégicamente, la actuación de Güemes en la guerra de la Independencia argentina fue crucial: sin su desesperada resistencia, no hubiera sido posible defender el norte del país después de tres derrotas, ni hubieran sido posibles las campañas de San Martín. Bajo su mando, las ciudades de Salta y Jujuy y su campaña defendieron al resto de la Argentina sin ayuda exterior. ¿Existe el affectio federalis?
Sin embargo, en Buenos Aires no era visto así: la noticia de su muerte fue publicada bajo el título "Ya tenemos un cacique menos"; el artículo que lo anunciaba demostraba más alivio por la muerte de un enemigo ideológico que pesar por la pérdida de la ciudad de Salta en manos realistas. Algo que no es novedad...
Sus restos descansan junto a los de su esposa en el Panteón de las Glorias del Norte de la República, ubicado en la Catedral Basílica de Salta (compartimos una imagen).
Cúpula de la Catedral salteña desde la plaza
En esta oportunidad, creemos que la memoria del general Martín Miguel de Güemes, siendo el único general argentino que murió en combate durante la Guerra de la Independencia Argentina, y de los demás albores que se mencionaron merecía más que un feriado de reconocimiento invadido por las desprolijidades de nuestros gobernantes y representantes que poco saben, prima facie, de morir por la Patria amada y el respeto a la historia y sus enseñas e insignias.

Un cordial abrazo,

Damián R. Pizarro