Mostrando las entradas con la etiqueta COLOMBIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta COLOMBIA. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de octubre de 2016

EL DESQUICIO DEL "NO" A LA PAZ - POR ALEXANDER CRUZ MARTÍNEZ

Estimad@s colegas,

Buen día.

Tengo el honor de compartir con Uds., las palabras que el colega y amigo Dr. Alexander CRUZ MARTÍNEZ nos comparte sobre los sucesos recientemente dados y comentados en posteos precedentes.


Así somos: un poco desquiciados 
El pasado domingo 2 de octubre, muchos colombianos como yo, amanecimos felices porque ese sería el día en que cambiaría el destino de Colombia. Pondríamos fin en las urnas, vía plebiscito, a más de cincuenta años de dolor y guerra que nos dejaron un escalofriante saldo de 8.000.000 de víctimas, 6.000.000 de desplazados, 162.000 desaparecidos, 11.000 víctimas de minas antipersonas y 31.000 secuestrados. 
Después de más de cuatro años de negociaciones entre el equipo del gobierno y los representantes de las Farc en La Habana, se había llegado a un acuerdo, que si bien no era perfecto, era el mejor que se pudo haber logrado, según palabras de Juan Carlos Henao, asesor para las negociaciones, exmagistrado de la Corte Constitucional y rector de la Universidad Externado de Colombia. 
Días antes, el pasado 26 de septiembre, en un acto simbólico se había firmado en Cartagena de Indias el acuerdo de paz el cual estaba sujeto jurídicamente a la refrendación popular, lo cual nunca ocurrió. Pero ¿por qué ganó el “no” si la paz es el bien que más anhela un pueblo? La respuesta es compleja. Fueron muchos factores: un gobierno que no supo transmitir y que cometió errores estratégicos; un personaje como Uribe que pudo canalizar y manipular a los electores desprevenidos y obnubilados por su presencia casi divina; un pueblo abstemio, ignorante y desinteresado –del cual hago parte-; entre otros muchos. 
No habíamos negociado con las hermanitas de la caridad, sino con delincuentes y narcotraficantes. Por eso, lo logrado fue en términos económicos “pareto superior”. Yo leí los acuerdos y es verdad que decir sí era respaldar la participación política de las FARC, era pedirles que buscaran el perdón de las víctimas, era que dijeran la verdad, era que se sometieran a la justicia –no a la tradicional- sino a la que toca en estos casos –pero justicia al fin de cuentas-, era renunciar a mucho para obtener muchísimo. El no significa en estos momentos la posibilidad de que siga la violencia y de que nuestras futuras generaciones sigan en guerra. Quienes votaron irresponsablemente el no, muy seguramente no van a enviar a sus hijos al monte a combatir a las guerrillas. Tampoco los del sí. El Municipio de Bojayá en el departamento del Chocó es un ejemplo de perdón. El 2 de mayo de 2002, un centenar de personas murieron al interior de la iglesia del pueblo como consecuencia de la explosión de un "cilindro bomba" o "pipeta" en un enfrentamiento armado entre las FARC y grupos paramilitares. Allí el sí por la paz triunfó con un 96%. Un caso digno de admirar. 
El problema es que el centro y las grandes ciudades terminaron decidiendo por la periferia. Dijeron “no” en este asunto que si bien nos ha golpeado a todos, los sectores rurales ha sido quienes realmente han vivido en carne propia lo absurdo de la guerra. Yo viví muchos años en el campo y fui testigo de esa violencia. A otros les tocó peor. 
Creo que esta semana habrá un partido de fútbol. No tengo certeza, ni sé quién juega porque soy apático a esos eventos deportivos en los cuales se exalta un seudonacionalismo. Pero lo que sí sé es que para esa fecha ya nos habremos olvidado del error histórico y no nos importarán las víctimas. Así somos los colombianos: un poco desquiciados.


Alexander Cruz Martínez (in)

Estudiante de primer año de doctorado, Universidad Externado de Colombia


La mirada del autor parte de lo esencial, desde lo sentimental y vívido a lo doctrinario y más académico.

Le agradecemos la apertura a este diálogo a distancia.

Un abrazo cordial,
Damián R. Pizarro




martes, 27 de mayo de 2014

ALGO DE CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD DE COLOMBIA

Estima@s.

Buen día.

Siguiendo con la publicación del miércoles 9 de abril (ver), sobre EL CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD EN LA DOCTRINA DE LA CORTE ARGENTINA, hicimos mención sobre continuar el tema, el caso colombiano, gracias a la información aportada por Sergio Estrada Vélez, colega, amigo y titular de un blog que seguimos atentamente (ver).

¿Qué podemos referir y mencionar para dar a conocer las mixturas y variantes del caso de Colombia y su Control de Constitucionalidad?

Me sirvo en citar el Auto 106/13 de la Corte Constitucional de dicho país, (Referencia: expediente D-9613). Se trata de un recurso de súplica contra el Auto del 14 de mayo de 2013 proferido por el magistrado Mauricio González Cuervo, por medio del cual se rechazó la demanda de inconstitucionalidad interpuesta dentro del expediente de la referencia.
El fallo del más Alto Tribunal situado en la Ciudad Capital, Bogotá, con fecha 28 de Mayo de 2013, dejó en claro en el punto 7 de sus consideraciones, que "... la Corte aclara al demandante que la exigencia de la presentación de al menos un cargo de inconstitucionalidad no solo deriva de una previsión expresa del derecho positivo, sino también del principio constitucional al debido proceso, de la presunción de constitucionalidad del sistema jurídico, de la prohibición del control oficioso de la legislación, e incluso, de la naturaleza pública de estas acciones. En efecto, cuando el actor no delimita adecuadamente la controversia jurídica y los cargos quedan abiertos, los intervinientes en el proceso pierden la posibilidad de pronunciarse con respecto a problemas jurídicos y acusaciones específicas, de modo que su intervención cae en el vacío, de modo análogo a la defensa de un imputado o acusado cuando el fiscal no precisa los términos de la imputación o acusación; de igual manera, cuando no se fija el alcance del reproche en contra del precepto demandado, la Corte se ve avocada a realizar un control oficioso de la normativa legal, al examinar y evaluar cargos que no han sido formulados en la demanda, que no han sido objeto del debate público, y que en últimas, terminan siendo el resultado de una construcción unilateral por parte del juez constitucional. En definitiva, el requisito de la formulación de cargos, antes que desconocer el carácter público de las acciones de inconstitucionalidad, es su condición de posibilidad." (El destacado me pertenece).

Podemos también, citar un caso más antiguo pero no por ello menos importante, la Sentencia C-113/93, la cual plantea claramente que, tratándose de las competencias y atribuciones de la Corte Constitucional, la misma en ese fallo determina los efectos de sus propias decisiones y sus límites.
"La facultad de señalar los efectos  de sus propios fallos, de conformidad con la Constitución, nace para la Corte Constitucional de la misión que le confía el inciso primero del artículo 241, de guardar la  "integridad  y supremacía de la Constitución", porque para cumplirla,  el paso previo e indispensable es la interpretación  que se hace en la sentencia que debe señalar sus propios efectos. No hay que olvidar que, según el artículo 5 de la Constitución, el Estado reconoce la primacía de los derechos inalienables de la persona, reconocimiento  obligatorio para la Corte Constitucional, como para todas las autoridades pero con mayor fuerza. Por ello, recortar, mediante una norma de inferior jerarquía, la  facultad  que la Corte tiene de  fijar el contenido de sus sentencias, podría impedirle defender  los derechos de los súbditos frente a las autoridades. Salta a la vista que el Presidente de la República se excedió en el ejercicio  de las facultades que le confirió la Asamblea Nacional  Constituyente,  pues éstas se le confirieron para dictar el "régimen procedimental",  dentro  del cual, como se explicó, no están, no pueden estar, comprendidos los efectos de las sentencias ejecutoriadas dictadas en asuntos de constitucionalidad.".

Refiriéndose a la importancia del instituto de la cosa juzgada en la búsqueda incansable de la seguridad jurídica, la Corte entendió que "... Si al aclarar la sentencia se restringen o  se amplían los alcances  de la decisión, o se cambian los motivos en  que se basa,  se estará en realidad  no ante una aclaración  de un fallo,  sino ante uno nuevo.  Hipótesis esta última  que pugna con el principio  de la cosa  juzgada, y atenta, por lo mismo,  contra la seguridad  jurídica. Hay que tener en cuenta que ninguna de las normas de la Constitución  que reglamentan la jurisdicción constitucional,  confiere a la Corte la facultad de aclarar sus sentencias. Ni en las once funciones descritas en el artículo 241,  ni en ninguna otra norma constitucional, se asigna a la Corte Constitucional  la facultad de servir de órgano consultivo a los jueces .  Y tampoco hay norma constitucional  que les permita a éstos elevar tales consultas. De otra parte,  la posibilidad de aclarar  ' los alcances de su fallo ',   no sólo  atenta contra la cosa juzgada,  sino que es contraria a la  seguridad jurídica,  uno de los fines fundamentales del derecho. Además, la existencia de múltiples aclaraciones, haría desordenada y caótica la jurisprudencia de la Corte. Sin que sobre advertir que si  la ley, según la  ficción universalmente aceptada, es conocida por todos, con mayor  razón hay lugar a presumir que los jueces,  generalmente  graduados en Derecho,  tienen la suficiente formación jurídica  para leer y entender las sentencias de la Corte. Lo cual explica porqué la norma comentada,  a más de ser inexequible, es inútil.".

Por ultimo, me sirvo en citar parte del fallo de la Corte Constitucional, Sentencia C-416(Referencia: expediente D-096), ante la acusación de inconstitucionalidad contra el Inc. 2°, del art. 21, del Dec. 2067/1991, la misma entendió el 25 de marzo de 1993 que "...Estando en cabeza del Congreso Nacional la titularidad de la función legislativa y siendo,  por tanto, excepcionales los casos en que al Presidente de la República le es permitido ejercerla, uno de los cuales es el de las denominadas facultades extraordinarias (artículo 150,  numeral 1o, de la Constitución vigente; 76, numeral 12 de la anterior), el uso de esas atribuciones, que de suyo no son propias del Ejecutivo, está limitado de manera   taxativa y estricta al ámbito material y temporal fijado por la ley habilitante (...) Así lo ha entendido de tiempo atrás la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia y así lo considera también la Corte Constitucional (...) Ello implica que el Presidente tan sólo puede legislar, con apoyo en las facultades concedidas, dentro del tiempo previsto por la propia ley y que los correspondientes decretos únicamente pueden tratar sobre los asuntos en ella indicados, sin lugar a extensiones y analogías. El desbordamiento de tales límites por el Jefe del  Estado representa una invasión de la órbita constitucional del Congreso y la consiguiente violación de la Carta Política.".



Creo que es propicio dedicarle unos tiempos a estas afirmaciones.
No sólo por la necesaria referencia a nuestro ordenamiento jurídico argentino y sus particularidades, y diferencias con las mencionadas.

Vale decir que en nuestra hermana Colombia no sólo cuentan con el Control de Constitucionalidad concentrado en las atribuciones de la Corte Constitucional como vimos anteriormente (sólo a pedido de parte, aunque esté vedada la forma oficiosa de control hay casos donde lo ha ejercido) cuya decisión elimina la orden discutida del orden jurídico, sino también por vía de control difuso (a través de la excepción de inconstitucionalidad), que todo funcionario administrativo y judicial tiene el deber de declarar de oficio y que, si los efectos que produce una norma son, para el caso particular, inconstitucionales, debe proceder a la inaplicación de la misma (inter partes).


Antes de invitarlos a volver a leer lo citado y dicho ut-supra, considero relevante mencionar que la Corte, antes de resolver las cuestiones que se le plantean, dice:
"... la Corte Constitucional,  en nombre del pueblo y por mandato de la Constitución...".


Para pensarlo...
Saludos,

Damián R. Pizarro

Con Sergio Estrada Vélez, en nuestro último almuerzo en Buenos Aires
(Enero/2014)